domingo, 1 de octubre de 2017

Bar Patraix, Plaza de Patraix, Valencia (29-09-2017)






El veranillo de San Miguel, como cada año, llegaba tibio y acariciante en las mañanas levantinas, coadyuvando a la pertinaz sequía arrastrada del seco y caluroso estío, sin que las precipitaciones atmosféricas en los días previos fueran suficientes para calmar la sed de una tierra que se resquebrajaba por algunas latitudes. 

Precipitaciones, sin embargo, abundantes en el terreno socio-político por parte de quienes intentaban llevar a la población catalana hacia la persecución de un fantasma, una entelequia de estado que nunca existió, consiguiendo imbuir a una parte de la población en la épica y, al mismo tiempo, en el maniqueísmo que fomenta el odio y que resquebraja también –esta vez en sentido figurado– una tierra que ha estado unida, a pesar de que una minoría a lo largo de la historia ha intentado siempre dividir y segregar.

Estos y otros temas surgieron en la mañana del viernes 29 de septiembre; previa a los acontecimientos del referéndum ilegal que se iba a celebrar en Cataluña en pro de su independencia, el día en que Los Dalton Buidaolles se reúnen de nuevo para almorzar en el Bar Patraix, en la plaza de Patraix, 12. Un bar que figura en una plaza en forma de polígono irregular de lo que hoy día es un gran barrio y distrito de Valencia y en lo que en otra época fue municipio, e incluso cabeza de partido judicial. No en vano, así se hace constar en una placa conmemorativa del nacimiento del Rey Jaime I, que figura en la misma plaza junto al Bar. En ella se explica el origen de Alquería denominada Petraher, derivando posteriormente su nombre a la actual Patraix. Situada en el suroeste de la Ciudad, la plaza de Patraix y las construcciones aledañas que la forman, sobrevive a pesar de los embates especuladores de las empresas constructoras, que en época “del ladrillo” la intentaron transformar. De hecho, podemos observar la anarquía de sus edificios, en la que contrastan los bloques de pisos de mediana altura con casas adosadas al estilo de pueblo; y con alguna alquería, conservada cual reliquia,  convertida en negocio hostelero.

El Bar Patraix es un establecimiento que cuenta con un local espacioso y con una terraza exterior de carpa que da a la amplia plaza. Los Buidaolles prefirieron, como de costumbre, entrar al interior; pues la temperatura de ese cálido día aumentaba considerablemente con el efecto invernadero que se suele producir bajo la carpa. Un interior que no aporta nada en estilo ni en confort; seguramente habrán transcurrido décadas sin apenas un cambio en su estética. Ni siquiera las vigas del techo son reales, pues, imitando a madera vieja, forman ese trampantojo de corcho pintado, que no deja de darle al local un aspecto cutre e impersonal, sin llegar a representar a un bar moderno ni a las tabernas que en otra época pudo haber en la zona. 

En cuanto a sus productos, tampoco se puede decir que el Bar Patraix destaque por su calidad y variedad: pan poco reciente, sin llegar a ser correoso ni duro; frituras escasas; pocas guarniciones y un tanto desabridas… Como algo distinto a lo que otros establecimientos ofrecen, podemos destacar las albóndigas en salsa. También ofrece algo de bollería, para quien quiera desayunar en lugar de almorzar. En
cuanto al precio, se puede decir que este es aceptable

Todo esto, en una mañana en la que era recurrente hablar en la tertulia del conflicto catalán, pues a pesar de que siempre se evita tratar temas de política y de religión, con el fin de no herir sensibilidades, y que un momento de relax llegue a convertirse en otro de tensión, la preocupación de todos era tanta, que, entre las risas, por las anécdotas contadas, y los lamentos, por el cariz que estaban tomando los acontecimientos, resultó inevitable no entrar en este espinoso asunto que tantos distanciamientos está originando.

            Pero también se habló de la actuación del día anterior de los incombustibles Rolling Stones, lo que constituía ya su concierto número 22 en suelo español, esta vez en Barcelona. Y siempre esperando que no sea la última, aunque debido a sus edades, ya sería un lujo si volvieran de nuevo.

            En una semana en la que Hugh Marston Hefner nos abandonaba. El personaje carismático e icono de la revolución sexual, precursor del erotismo y patriarca del imperio Playboy, nos dejaba a los 91 años de edad.

            También se estuvo hablando de la dudosa calidad de las aguas de Valencia y de la necesidad de poner algún descalcificador doméstico.

            Debates, anécdotas y risas son la mejor terapia para superar todo tipo de conflictos en armonía y buen humor.


José González Fernández

domingo, 24 de septiembre de 2017

Asador Ca ' Llacer, La Torre, Valencia (22-09-2017)



  Volvía otra vez ese día en el que el tiempo de luz iguala al tiempo de tinieblas, o, dicho de otra manera, la noche era igual que el día. Pero ahora en el equinoccio de otoño, en el que se deja notar el fresco de las mañanas y los tibios atardeceres. 

     Justo el viernes en el que Los Dalton Buidaolles visitan un nuevo establecimiento de La Torre, una pedanía perteneciente a Los Poblados Sur de Valencia.  Una zona en la que ya habían estado en anteriores ocasiones, debido al importante número de establecimientos que ofrecen calidad y variedad en sus ofertas gastronómicas. 

    La barriada o pedanía de La Torre, se asienta junto al histórico Camino Real de Madrid, y le da nombre el edificio de una antigua alquería fortificada de cuatro plantas, cuyo origen data del siglo XIV. 

    Actualmente se ha convertido en el patio trasero de la ciudad de Valencia, para ubicar en su entorno todo tipo de infraestructuras megalómanas a costa del detrimento de la propia huerta y del paisaje rural, gradualmente absorbido por la gran urbe, aislada por una gran maraña de vías portuarias, ferrocarril, cauce del río Turia… Una zona que, como otras, se sacrificó en la Dictadura Franquista en pro de ese proyecto ya referido en anteriores capítulos. Durante los años ochenta, al igual que ocurrió con otras barriadas marginales, este lugar fue asediado por el problema del paro, de la droga y la delincuencia. Aunque la tasa de paro aún sigue siendo de las más altas de la comarca; la delincuencia y el tráfico de droga, sin llegar a desaparecer, sí se han minimizado, gracias al trabajo y a la denuncia de las asociaciones de vecinos.

    El proyecto Sociópolis, intentó integrar el barrio en la ciudad, dotando al lugar de instalaciones deportivas a la vez que se impulsaba la construcción de 2.800 viviendas de protección oficial. Sin embargo, la explosión de la burbuja inmobiliaria ha frustrado, en parte, el ambicioso proyecto, presentando ahora una imagen de ciudad fantasma anexa al maltratado barrio. Toda esta maniobra especulativa ha degradado la huerta y, por el momento, las instalaciones deportivas brillan por su ausencia. 

    Al abrigo de esa ciudad fantasma, y en lo que es una antigua construcción de vivienda huertana, surge el Asador Ca’ Llacer un establecimiento que cuenta con unas instalaciones de gran calidad, tanto en el interior como en el exterior del mismo. No obstante, no se puede opinar del mismo modo de su servicio, de la calidad de sus productos y, como consecuencia, de su precio. Llaman la atención la gran cocina con el imponente asador como atractivo especial. Sin embargo, el servicio es lento y malo; se manifiesta la carencia de las mínimas habilidades sociales requeridas para este tipo de negocios: errores en los platos servidos, en el cálculo de la cuenta y devolución del cambio, malas caras o trato poco amigable… es lo que podemos observar a simple vista en este local. Es como si sus recursos humanos procedieran de otro sector de la producción, sin la más mínima formación en hostelería. Es como si se hubieran caído del andamio de una de las obras inacabadas de la zona, yendo a parar directamente al Asador Ca’Llacer. Además, el precio del almuerzo es mucho más caro que el de otros locales de la misma zona.

     Lo mejor que Los Buidaoles pudieron saborear fue la habitual tertulia en torno a una mesa redonda, lo cual facilitaba la conversación mirándose todos a la cara y, como de costumbre, compartiendo risas y conversaciones; esta vez con lenguajes oral y gestual. Mesa redonda para brindar con una fría cerveza por el fin de semana que, para algunos, ya estaba comenzando.

     Una mañana en la que los temas recurrentes eran las anécdotas sobre el comienzo del curso; del alumnado que a cada cual le había tocado en suerte y del nuevo profesorado que, como cada año por estas fechas, llega al Instituto.

   
Y todo en un viernes más en el que un grupo de compañeros, y sin embargo amigos, se dan cita para vivir ese pequeño instante de la vida… ese que, como tantos otros como este, te proporciona la verdadera y auténtica felicidad.

José González Fernández


domingo, 17 de septiembre de 2017

Bodega-Bar Flor, “El Cabañal” Valencia (15-09-2017)





        Por fin llega a nuestra ciudad esa brisa de la fresca mañana que te invita a pasear percibiendo el aroma que flota en el aire; cuando empiezan a caer las primeras gotas de lluvia después de un duro y seco estío. El olor que nos transportaba a otro tiempo, a otros lugares... algo que nos anunciaba la cercanía del deseado otoño.

       El aire de poniente transportaba desde el interior los cirrocúmulos que cubrían el cielo de la ciudad del Turia, cuando Los Dalton Buidaolles se dirigían al barrio de El Cabañal a cumplir con su costumbre semanal. Este viernes tocaba la Bodega Bar Flor, en la calle Martí Grajales, 21, frente a uno de los mercados de abastos más importantes de la ciudad.  El mercado de lo que en su día fue un poblado pesquero; ahora un barrio que, como ya comentamos en capítulos anteriores, estuvo a punto de ser demolido. La calle Martí Grajales se identifica más con la gran ciudad que con el propio barrio, tal vez por su anchura y sus construcciones, tal vez por la tipología de su población; probablemente de un nivel económico algo superior a la de las angostas callejuelas de ruinosas viviendas. Un barrio, en su día, condenado a muerte por inanición, pero que ni los políticos ni los especuladores inmobiliarios consiguieron acabar con su vida: sus costumbres, sus tradiciones… su cultura. Una cultura ancestral que se encuentra reflejada en la propia Bodega Bar Flor; fundada en 1893 por José Flor, como puede leerse en su vetusto botellero. Aquí; al igual que en tantos otros bares, bodegas, tabernas o mesones del barrio, se está revitalizando el tradicional esmorzaret. 

     
  En este establecimiento se pueden degustar una importante variedad de productos, en especial los frutos del mar, dada su proximidad al litoral y al propio mercado. Una curiosidad, que le distingue de otros locales, es la forma de servir el bocadillo, liado en una servilleta blanca de papel, algo que recuerda, a los más mayores, aquellas naranjas que también vendían envueltas cual producto de regalo.  No obstante, si hubiera que destacar algún aspecto negativo, tendríamos que hablar del precio: sin llegar a ser elevado, es superior al de otros establecimientos de la zona que lo ajustan a las situaciones de crisis y nivel económico de sus residentes. También es técnicamente mejorable el cremaet, pues daba toda la impresión que este había sido recalentado; cuando, en realidad, la calidad del producto se potencia al tomarlo inmediatamente después de ser quemado el alcohol en el propio vaso.

     Una mañana en la que el principal tema de conversación fue el suceso ocurrido en Ruzafa: Un psicópata asesino se da cita con su víctima – un peluquero - a través de una de esas aplicaciones de encuentros amorosos. En la vivienda, que el ex presidiario de origen sueco tenía alquilada en la fallera calle Sueca, es donde este da muerte a su víctima, descuartizando su cuerpo y transportándolo en maletas hasta diversos contenedores de basura. Al día siguiente, cuando la policía se dirigió a su domicilio, al pedirle que se identificara, este sacó un cuchillo y se lo clavó en el corazón a uno de los dos policías, momento en que el otro agente, con su arma reglamentaria, abatió a tiros al agresor en el mismo portal de su finca.

     
Este y otros temas son objeto de tertulia en la templada mañana de un mes septiembre, en el que se inicia el año escolar que supone la puesta a cero del contador ocupacional, tanto para alumnos como para profesores. Un mes en el que comienzan a desnudarse los árboles, a taparse las piernas de los hombres y los escotes de las mujeres. Pero como casi todos los años, el verano volverá a dar sus últimos coletazos allá por San Miguel, en el que serán frecuentadas de nuevo las playas de esta cálida y luminosa ciudad.

José González Fernández

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Bar- Restaurante Casa Cent-Duros, Borbotò. (08/09/2017)



Pasan los días, las semanas y los meses… pasa la vida. A punto ya de pasar también ese tórrido verano; asfixiante en el aspecto climatológico, inquietante en el terreno político-social, Los Dalton Buidaolles, con nuevo logotipo, vuelven al ataque para iniciar el curso académico con energías renovadas y sin que el peso de los años se deje notar en sus cabezas, aunque deberíamos decir en el interior de las mismas, ya que en el exterior casi todos peinan canas.

Las tensiones internacionales entre Corea del Norte y Estados Unidos siembran la preocupación en todo el mundo y amenazan la paz. Una paz inexistente, cuando los focos de conflicto bélico cada día son mayores en oriente medio y en los países árabes. Una paz embargada, cuando los atentados yihadistas llegan hasta Europa; como es el caso de lo ocurrido en las ramblas de Barcelona en el mes de agosto.
Pero como la vida debe seguir, Los Buidaolles preparan con alegría y buen humor el nuevo curso académico y, fieles a su ya arraigada tradición, visitan un nuevo templo gastronómico, esta vez el Bar- Restaurante Casa Cent Duros, en la localidad de Borbotó, en la calle Masarrochos, 10, a unos pocos kilómetros al norte de la ciudad, siguiendo el camino de Moncada.  El nombre de este local puede tener su origen de cuando aún se pagaba en pesetas: cien duros equivalían a quinientas pesetas, lo que sería igual a tres euros de hoy día. Sin embargo, en la actualidad el almuerzo, con cremaet incluido, supone unos cinco euros, aunque este precio puede aumentar si se elige para el bocadillo algunas viandas más selectas.


La pedanía de Borbotó fue municipio hasta finales del siglo XIX en el que pasó a ser una aldea de Valencia. Sus orígenes se remontan al siglo XIII en el que se crea una alquería andalusí, tomada por Jaime I de Aragón en
la conquista de Valencia.

El paisaje huertano permite relajar la mirada y, a pocos kilómetros de la gran ciudad, meterse de lleno en el ambiente rural puede ser una respuesta al estrés y a las prisas.  En Casa Cent Duros el tiempo parece no haber transcurrido. No. No exageraba Juan Echanove – famoso actor y buen crítico gastronómico - cuando decía que, todos los días, más de trescientas personas frecuentan
el local para degustar el típico almuerzo valenciano; de hecho, Los Buidaolles esperaron más de treinta minutos hasta que quedó libre una mesa junto a la que tomar asiento. La tortilla de cebolla, las croquetas de bacalao, los calamares con pimientos o habas tiernas, la sangre encebollada… forman parte de su diversificada oferta.
Especial mención requiere aquí también el cremaet, que, a pesar de lo que muchos piensen, no tiene gran contenido alcohólico, ya que la función de quemar durante unos segundos el ron que contiene, le baja la graduación, consiguiendo así un combinado perfecto con el café, la canela, el azúcar y el limón. En este local le dan un toque de distinción, al ponerle unos granos de café flotando en el vaso. Una bebida, autóctona de la Comunidad Valenciana, que no llega a ser tan conocida como la paella, pero que va camino de serlo.


Los Dalton Buidaolles, con aspecto deportivo
y veraniego aún, disfrutan de la tertulia y rememoran sus andanzas por las Sierras de Segura y Cazorla, cuando en el abrasador mes de julio, un importante número de ellos, estuvieron deleitándose con esa otra afición para ellos, cual es la música. El blues y la gastronomía tradicional de la zona se dieron cita en el epicúreo encuentro en las prebéticas sierras de Jaén, en el multitudinario festival de blues de Cazorla.

Y todo en un día en el que, además, celebraban el hecho de que uno de Los Buidaolles acababa de ser abuelo por primera vez.


José González Fernández

domingo, 25 de junio de 2017

Restaurante Ca Marcos (Beniparrell) 23/6/2017



El verano en el almanaque acababa de hacer su entrada, pero en el aspecto climatológico se estaba dejando notar desde finales del mes de mayo. El record de temperaturas, para el mes de junio, se había alcanzado en la península, con registros de 44 grados en la Meseta, Andalucía y Extremadura. Hacía mucho tiempo que en el citado mes no se alcanzaban esas cifras.

Entonces, ¿si el verano acababa de llegar, lo de las tres semanas anteriores había sido un simulacro, o era tal vez un conjuro astral para hacernos pasar por ese purgatorio previo al infierno del venidero mes de julio? 

Incluso en la ciudad de Valencia, el mercurio llegó a alcanzar los 38 grados a la sombra en alguno de los días anteriores. Aquella soporífera mañana, previa a la ardiente noche de San Juan del solsticio de verano en la ciudad del Turia, Los Dalton Buidaolles se dirigen a Beniparrell, a nueve kilómetros de la Capital, situado en la zona de transición de la Huerta Sur Valenciana a la Ribera del Júcar. Un pequeño municipio constituido a mediados del siglo XIX, que posteriormente perteneció a Albal, pero que a finales de dicho siglo recuperó de nuevo su independencia.  Su economía está basada en la agricultura de regadío – abasteciéndose de las aguas del Río Júcar, a través de la Acequia Real – y en una industria muy relacionada con la de la Capital: mueble, juguetes, papel, etc. 
Allí, en su amplio polígono industrial, en la calle Camí del Racó, 1, se encuentra el Restaurante Ca Marcos, un establecimiento poligonero que ofrece variedad de productos, tanto en el interior del local como en su terraza. Su clientela está formada, sobre todo, por los trabajadores del polígono, transportistas y otros visitantes ocasionales. Pero no solo ofrece almuerzos, también comidas y eventos a grandes grupos. Una de sus especialidades, a buen precio, es el arroz con langosta o bogavante. Sin embargo, a las 10:30 horas, momento en el que llegaron Los Buidaolles, la amplia variedad de viandas que suelen ofrecer de buena mañana, ya se veía reducida a su mínima expresión, lo cual no fue óbice para que pudieran degustar un buen bocadillo de carne de caballo con tomate y cebolla. El hecho de que la jornada laboral comenzara a las 7 de la mañana en horario de verano, era un indicador del agotamiento de sus existencias, pues, seguramente, ya habrían pasado por allí sus clientes habituales, debido al lógico adelanto también de la hora del almuerzo. Es de destacar en Ca Marcos su cremaet de gran calidad; algo tan característico de esta zona, mucho más que un carajillo en otros lugares. Algunos granos de café y trocitos de limón, flotan en el café líquido y el coñac o whisky en el fondo del vaso, previamente quemado su alcohol, con gran pericia, para restarle grados al combinado. Todo ello con azúcar y canela en polvo.


A pesar del calor sofocante de la mañana, con 30 grados a la sombra, cada uno de los Los Buidaolles fueron capaces de meterse entre pecho y espalda ese selecto elixir espirituoso, ignorando por completo los efectos secundarios que pudieran producirse en tan comburente y húmeda, a la vez, mañana estival.  

Uno de los temas de conversación estuvo relacionado con el deporte UFC (Ultimate Fighting Championship), unas artes marciales mixtas que consiste en una pelea entre competidores de distintos estilos, en un combinado de artes tales como: boxeo, jiu-jitsu brasileño, sambo, lucha, muay thai, karate, judo, entre otros. Esto es algo que está arrasando actualmente en audiencias televisivas y en asistencia a los pabellones, donde el ring es una jaula octogonal con una lona acolchada, en la que parece que vale casi todo, con algunas excepciones, claro… como por ejemplo: pisar la cabeza del adversario. Una lucha completa, un gran espectáculo sensacionalista que se nutre por aquellos espectadores ávidos de violencia, con una carga agresiva que dista mucho de la filosofía oriental pacifista del yin y el yang.

También hubo otros temas de tertulia, pero estos mejor dejarlos en el secreto del sumario, pues el momento solaz de desinhibición y esparcimiento, daba pie a comentarios y chascarrillos no siempre aptos a la ética del lector y objeto de autocensura de este cronista.

En esa mañana previa a la noche de San Juan, en la que arde una parte de la península bañada por el Mediterráneo, los Buidaolles comparten viandas y tertulia, igual que dice la canción “Fiesta” de Joan Manuel Serrat en una de sus estrofas:




“…en la noche de San Juan,
como comparten su pan,
su tortilla y su gabán,
gentes de cien mil raleas”


Curiosamente, la versión original, antes de ser censurada en la época franquista, en lugar de “tortilla”, decía “mujer”.  No obstante, Los Buidaolles es posible que no llegaran a atreverse a hacer lo que la versión original recomienda.

José González Fernández

domingo, 11 de junio de 2017

Cantina Guardia Civil (Calle Cantarranas, 3) 09/06/2017



           
            Otra brumosa mañana sobre la ciudad de Valencia cuando, ya desde tempranas horas, empezaba a subir la temperatura con ese calor húmedo y sofocante propio del estío en la costa levantina.
Una mañana de viernes en la que Los Dalton Buidaolles fueron a parar al cuartel de la Guardia Civil. ¿Qué falta o delito habrían cometido para tener que ir a dar con sus huesos en los bajos del edificio de la Benemérita? ¿Cuan grande sería el atracón que les llevó a recalar en esos lares?
En realidad, nada que pudiera estar tipificado en los códigos Civil o Penal. Tan solo el mero placer de degustar los sabrosos almuerzos que ofrece su cantina, no solo a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado – Guardia Civil, Policía de Aduanas, Policía Nacional, etc.-, también a cualquiera que no tenga reparos en compartir el espacio con semejantes autoridades del orden público, pues no en vano todos los días son de puertas abiertas a cualquier ciudadano que quiera acudir a tan honorable establecimiento.


En la calle Cantarranas, 3, al este de la ciudad y muy cerca del puerto, está el cuartel de la Guardia Civil de Valencia, ocupando una gran superficie, en cuyos sótanos se encuentra la cafetería o cantina. Tal vez, en su día, para ofrecer algún refrigerio a los defensores de la Patria y del orden, pero que en la actualidad permanece abierta a todo tipo de público. Un local no muy refinado; pues es obvio que fue pensado para prestar un servicio asistencial sin lujos ni exceso de comodidades. No obstante, ofrece un buen servicio y, sobre todo, a un precio inmejorable.

Tendríamos que preguntarnos ¿qué sería primero el nombre de la calle – Cantarranas- o la construcción del cuartel? Porque las ranas suelen cantar en humedales de agua dulce, y aquí la proximidad al mar no es muy propicia para tan singular batracio. Por otra parte, si consideramos que la construcción del edificio se remonta a los años cuarenta o cincuenta - época de esplendor de la Dictadura Franquista – todo induce a pensar que lo que ahora es la cantina, antes fueron los calabozos donde les hacían cantar a los delincuentes, a través de los coercitivos métodos de seducción o tortura, quienes tras pasar por alguna de esas sesiones, contestaban a las preguntas emitiendo sonidos similares al “croar” de las ranas.  Pero claro… eso solo forma parte de la imaginación de una mente peliculera y novelesca de alguno de los Buidaolles, sin la existencia de hechos probados. El origen real del nombre del barrio podría estar en la existencia de estos anfibios en el lugar, dada la proximidad de la desembocadura del río Turia.


El tema de la tertulia del día fue el terrorismo yihadista – este sí, con la seriedad que el mismo infunde -, debido a los recientes atentados en Londres y Mánchester. La preocupación de la tertulia estaba en torno a la propagación del islam en occidente y del pensamiento fundamentalista. Sus proclamas para conquistar España a través de las corrientes migratorias. Digno de mención fue el adoctrinamiento que, desde alguna mezquita, estaba haciendo algún imán quien veía a España como un país de gente débil, sin sentimiento hacia el patriotismo, fácil de seducir a través de las drogas. El escrito dirigido a sus fieles dice frases tales como la siguiente: “En este tipo de sociedad, sin valores y proclive al pecado, es fácil penetrar, pues su enfermedad moral será el campo propicio para nuestros intereses” . Otro de los objetivos de este fundamentalismo es la ocupación pacífica del territorio, legalizando su situación, empadronándose, adquiriendo propiedades, montando empresas… consiguiendo la nacionalidad. Se piensa que la baja natalidad de occidente dará lugar a que, dentro de unas décadas, la población musulmana supere a la de otras religiones, controlando las instituciones y los poderes de nuestro estado de derecho e imponiendo su cultura.

Sin lugar a dudas, esta es una vía pacífica de conseguir sus objetivos; sin atentados terroristas y sin sacrificar sus propias vidas a través de inmolaciones o tiroteos con nuestras fuerzas de seguridad.

Todo esto constituyó un largo coloquio tras el almuerzo, un debate que permanece latente en nuestra sociedad no exento de polémica, pues es obvio que se cruzan las ideologías de quienes piensan que, el simple hecho de tratar este tema, ya supone fomentar el odio - pues no todos los musulmanes son iguales -, y aquellos otros que defienden el proteccionismo y el cierre de fronteras incluso para los refugiados. Dos corrientes de pensamiento diametralmente opuestas, pero no carentes de argumentos para defender sus posturas.    



Y volviendo de nuevo al insólito lugar del almuerzo, es de mencionar que en este establecimiento se puede comer en gran cantidad, siempre que el estómago lo permita, pero mucho cuidado con las bebidas espirituosas. Sin lugar a dudas, mejor que en ningún otro lugar, puedes ser observado por la autoridad del orden, quien, sin necesidad de hacerte soplar, te puede multar basándose en pruebas evidentes e irrefutables. Por eso, aquí mejor que en ningún sitio cabe decir aquello de: “Si bebes no conduzcas”, de lo contrario ya sabes a lo que te expones. 


José González Fernández

miércoles, 7 de junio de 2017

Bar-Restaurante Casa El Famós (Ermita de Vera) 02/06/2017

Bar-Restaurante Casa El Famós (Ermita de Vera) 02/06/2017

El calor húmedo se dejaba notar en la brumosa mañana de primavera en toda la la huerta valenciana. Los medidores callejeros de temperatura indicaban a la sombra más de 26 grados en el momento en que los Dalton Buidaolles se dirigían al Bar-restaurante “Casa El Famós”, para realizar su semanal almuerzo.

A pie, en coche o en bicicleta acudieron, unos más puntuales que otros, al  bucólico paraje ubicado en plena huerta valenciana, justo al lado de la Ermita  de Vera, al noreste de la ciudad. Su verdadero nombre es Ermita de la Inmaculada Concepción, aunque es conocida como Ermita de Vera, pues su nombre se lo da el lugar –Partida de Vera- por el que pasa la acequia del mismo nombre, que es un ramal a su vez de la acequia de Mestalla. El origen del templo se remonta al siglo XV, aunque su actual estructura y remodelación proceda del siglo XVIII.

Las acequias del río Túria, que tanta vida y grandeza le han aportado a la huerta valenciana, y por ende a su economía a lo largo de los siglos, son canalizaciones de agua que proceden de la época de los romanos, aunque llegaron a desarrollarse en la época de explendor del dominio musulman.

Junto a la ermita se encuentra también el Molino de Vera, divididos por una pared y con un porche común. El molino fue propiedad de las Marqueses de Malferit y lo adquirió el Ayuntamiento de Valencia para instalar en él el Museo de la Agricultura Valenciana. Fue en su día de gran importancia en la zona, convirtiéndose el lugar en el centro rural de las numerosas alquerías diseminadas por todo el entorno, de las cuales aún quedan algunas. Una muestra de ello la podemos apreciar en la construcción que alberga el propio negocio hostelero “Casa El Famós”.

Casa El Famós es un bar-restaurante que ofrece al cliente todo tipo de servicios: almuerzos, comidas, cenas y eventos especiales de comidas de grupos por encargo. En su interior o en su terraza – desde la que se puede admirar la ermita y el amplio horizonte de huerta – se ofrecen almuerzos muy variados, en plato o en bocadillo, como los que aquí podemos observar. Pero si tuviéramos que destacar algo en Casa El Famós, hablaríamos de su all i olli; ese producto casero, que allí se elabora de la forma más tradicional, presenta una consistencia, un olor y un sabor muy superior al que su puede consumir en otros establecimientos. 

Ir  a Casa El Famós es como ir un día a comer al campo pero sin prescindir de las comodidades de un establecimiento que se adapta a los gustos y necesidades de sus clientes sin perder la tradición culinaria del lugar donde se ubica.

Una mañana en la que el tema político a nivel internacional fue el abandono de Estados Unidos del acuerdo de 2015 de Paris sobre la emisión de gases de efecto invernadero, otra polémica decisión de Donald Trump para dar cumplimiento a sus promesas electorales en pro de los intereses de la nación.

Pero como este tema no daba pie a afrontar el fin de semana con alegría y optimismo, Los Buidaolles comenzaron a hacer planes para asistir a un concierto de música que se celebraría en la sala valenciana “16 Toneladas”, el día 7 de junio, en el que actuaría el prestigioso guitarrista de Memphis, Eric Gales.

Todo esto en un día en el que se celebraba el 50 aniversario de la salida al mercado del disco del Beatles “Sgt. Pepper's”.  El tema de conversación se derivó también al recuerdo de la música que vino después: el rock sinfónico. Esos temas en los que las tecnologías del sonido ayudaron a crear una música, a veces fruto del virtuosismo  profesional, pero otras producto de los efectos electrónicos combinados en los distintos instrumentos.

También se habló de las nuevas tendencias, sobre todo en España, de los festivales de música “Indie” y de los nuevos grupos que están surgiendo en este estilo musical.

Una semana más, Los Dalton Buidaolles se reúnen en torno a una mesa, con la alegría que les caracteriza y para ser conscientes de que pasa la vida, pero que en estos breves momentos es en los que se encuentra la felicidad.



José González Fernández