sábado, 10 de marzo de 2018

Bar-Restaurante Gran Canaria, calle Gran Canaria, 35.Valencia. (09-03-2018





            Un día primaveral en el que las calles y el paseo marítimo de la playa de La Malvarrosa estaban llenas de gente que salía a pasear, a hacer deporte o, simplemente, a desayunar o almorzar en algún bar o cafetería. El sol lucía con todo su esplendor y los más atrevidos se despojaban de sus prendas de vestir para broncear su nívea piel. No obstante, tan solo sería una tregua entre la borrasca Enma, que ya había pasado, y la de Félix, que según los pronósticos llegaría durante el fin de semana.  A buen seguro los coletazos del invierno se dejarían todavía notar tanto en el interior como en la costa.

            Una mañana de viernes en la que, como de costumbre, Los Dalton Buidaolles iban a almorzar, esta vez al “Bar-Restaurante Gran Canaria”, en la calle homónima y a unos trescientos metros de donde la playa de La Malvarrosa se une a la de La Patacona. Un barrio ya frecuentado y del que ya se habló en la crónica del 20 de enero de 2017 cuando visitaron el Bar de “Los Hermanos Barberá”, muy cerca del Gran Canaria.

            Como ya se dijo en su día, este barrio de huerta tan cercano al mar; donde se encuentra la Casa Museo de Blasco Ibáñez, y el que llegó a ser fuente de inspiración de Sorolla, se muestra ahora totalmente urbanizado con modernos edificios fruto de la especulación y el boom de la construcción. Una muestra de ello es la obra abandonada de dos torres circulares vanguardistas de fachada acristalada que se encuentra en la rotonda, justo en la confluencia de las calles d’Arnau de Vilanova y Vicente Blasco Ibáñez.

  Al principio de la Calle Gran Canaria,  esquina con la calle Mendizábal, se encuentra la Iglesia de María Inmaculada de Vera, que no debe confundirse con la Ermita de Vera, de la que también se hablo en la visita al Bar-restaurante “El Famós”. Esta fue construía en 1953 y en la actualidad es la parroquia del barrio de La Malvarrosa. Lo que sirvió en esa época para dar respuesta al culto de una población diseminada entre la huerta y el mar, se encuentra ahora rodeada de modernos edificios y calles que desembocan en el paseo marítimo.
           
            El Bar-Restaurante Gran Canaria es un establecimiento que lleva funcionando desde 1983, con una amplia oferta gastronómica en almuerzos y comidas, pues suele cerrar por las tardes. Es gestionado por cinco hermanos, quienes lo regentan desde su inauguración. Ofrecen comida casera a un precio bastante aceptable. Como característica del almuerzo podemos decir que es de tipo autoservicio, pues se pide el bocadillo en la barra y te lo puedes llevar directamente a la mesa, algo que podría dar a entender que el contenido del pan suele ser frío o recalentado en horno microondas. El bocadillo más solicitado ese día fue el de tortilla de patatas con unas lonchas de jamón en aceite o all i olli, en un pan de tipo rústico con buena presencia pero algo correoso. Otra diferencia de este local, con respecto a otros, está en el precio, pues el almuerzo con cremaet es superior a si se pide café solo o con leche.

            El tema central de la tertulia de ese día estuvo referido a la huelga de mujeres que se había llevado a cabo en toda España el día anterior, con motivo del día internacional de la mujer. Posiblemente la primera huelga feminista celebrada, alcanzando un éxito rotundo en todo el país. Las opiniones encontradas de quienes creían que no era necesaria esta huelga, a las de aquellos otros que pensaban que son fundamentales estos movimientos - cada vez más apoyados también por los hombres - para alcanzar la plena igualdad de derechos; no en vano, pasito a pasito cada día podemos ver a más mujeres en puestos de cierto relieve social, político y económico. Sin embargo -en opinión de este cronista -, aún queda mucho camino por andar. Aún sigue existiendo una gran brecha salarial entre hombres y mujeres. En la segunda década del siglo XXI, todavía existe una gran discriminación de la mujer en el acceso al empleo en la empresa privada. Es inconcebible que el ser fundamental de la humanidad; fuente de vida de la que todos procedemos, siga ocupando aún un lugar secundario y supeditado al hombre en muchos países del mundo; incluso la mayoría de las religiones le atribuyen ese rol de subordinación al hombre. Tal es el caso de la propia Biblia cuando en el libro del Génesis dice que Dios creó a la mujer de una costilla del hombre. ¿Tiene este texto sagrado algún contenido machista? Lo que sí es cierto es que, a lo largo de la historia han existido, y aún siguen existiendo, muchas barreras legales y psicológicas que relegan a la mujer a un plano de inferioridad con respecto al hombre, incluso en muchos países ni siquiera tiene derecho al voto. Pero llegará el día en que todo esto cambiará y ya no sea necesario celebrar el día internacional de la mujer, al menos esa es la esperanza. 

            Con risas, anécdotas y chascarrillos, Los Buidaolles planificaban la ya tradicional comida de Fallas para el próximo jueves y el recorrido por los barrios emblemáticos en los que la “plantá” de las mismas adquiere mayor expectación.

José González Fernández

domingo, 4 de marzo de 2018

Bar-Cafetería Plaza, carrer de l’Almodí, 12.Valencia. (03-03-2018)





            La mañana amaneció con fuertes rachas de viento procedente del suroeste, aunque el cielo, totalmente despejado, dejaba proyectar los rayos de un tibio sol en el centro histórico de la ciudad de Valencia, en ese sábado día tres de marzo, cuando las tracas y petardos retumbaban en sus angostas calles y en sus monumentos más emblemáticos. Era una clara señal de que las fiestas más celebradas en la ciudad estaban ya muy cerca.

            El viernes de esa misma semana, Los Dalton Buidaolles ya habían ido a almorzar a un bar poligonero de Catarroja, pero decidieron ir también el sábado por disfrutar del ambiente fallero y porque iban a ver la tercera mascletá desde un lugar privilegiado: el salón comedor de la casa de uno de ellos, cuyo balcón daba justo a la misma plaza del Ayuntamiento. Un día de fiesta que se preveía completo, ya que, después de almorzar, visitarían ese casco histórico… esa zona de la ciudad donde empezó todo.

        
    Habían elegido para almorzar el Bar Cafetería Plaza, junto a la plaza de la Almoina, centro histórico de Valencia, la más antigua, y el lugar donde se fundó la ciudad en el año 138 a.C. Recibe su nombre debido a la desaparecida casa de la limosna (almoina en valenciano), una institución medieval de carácter benéfico que repartía comida y permitía el sustento material entre los más necesitados. En su lugar existe en la actualidad el Palacio Arzobispal, junto a la Catedral y la fachada trasera de la Basílica de la Virgen, lo que fue una basílica visigótica convertida después en mezquita y posteriormente en templo cristiano. La Plaza fue el origen de una ciudad romana, cuyas ruinas se pueden contemplar en un museo al aire libre sobre el que se ha construido una alberca, cuyo suelo acristalado permite ver dichas ruinas. El conjunto museístico es de reciente de construcción y su interior puede visitarse.

 También hay que mencionar el mausoleo cruciforme en memoria de San Vicente Mártir, cuya cripta está abierta al público.

            La ciudad de Valencia – cuyo nombre original fue Valentia y en época musulmana Balansiya – fue fundada por colonos sobre una de las terrazas del río Turia. Su núcleo principal estaba en torno a la actual Plaza de la Virgen, formada por el cruce de dos calles: Cardo, desde el norte hasta el sur, y Decumano, desde el este al oeste. Llegó a alcanzar su máximo desarrollo y esplendor en la época musulmana, pero fue en la conquista de la ciudad por Jaime I cuando se creó la casa de la Almoina.
 
            El Bar-Cafetería Plaza es un local de pequeño aforo en su interior; tan solo para unas quince o veinte personas, pero con una amplia terraza, donde resulta muy agradable almorzar, comer o cenar. Muy frecuentado, debido al lugar tan turístico en el que se halla. Sin embargo, su concurrencia de público no solo se debe a su estratégica localización, también a la calidad de sus productos y a su servicio: su tortilla de patatas recién hecha – posiblemente la mejor hasta el momento probada -, sus albóndigas caseras con tomate, sus croquetas caseras de caldo de cocido y sus bocadillos de chivito, hacen de este bar un lugar selecto, en la zona más visitada de la ciudad. Si hubiera que poner algún “pero”, diríamos que en este establecimiento no sirven cremaet, posiblemente por el tiempo que lleva hacerlo en el acto. También el precio del almuerzo resulta algo más caro que en otras zonas de la ciudad, aunque esto pudo ser debido a que ese día era festivo, es posible que los días laborables esté más adaptado al nivel económico de sus clientes: funcionarios y empleados de comercio de la zona. 

            Pero la fiesta no acababa ahí, continuaría, cómo no, en casa de Mati y Nelo, que como cada año hacen gala de su hospitalidad e invitan a todos Los Buidaolles y sus respectivas parejas a presenciar, desde ese lugar privilegiado que es el balcón de su casa, una de las mascletás previa a Las Fallas. Ese disparo pirotécnico que conforma una composición ruidosa y rítmica, cuyo objetivo no es otro que el de estimular el cuerpo a través del los sentidos del oído y del olfato, pues el penetrante olor a pólvora es capaz de transportarte a la añoranza de la niñez o de la adolescencia, rememorando esos momentos únicos.

            Momentos únicos los que también vivieron Los Buidaolles ese mágico sábado. Sentados todos alrededor de una gran mesa en la que no faltaba de nada: ensaladilla rusa, empanadas, esgarraet, mojama, tortilla de patatas, jamón ibérico, frutos secos… y sobre todo cava de distintos puntos geográficos. Un vino espumoso que les invitaba a brindar por la amistad, por la relación, por la complicidad de un grupo de compañeros y, sin embargo, amigos que han encontrado la mejor receta terapéutica de todos los males: la risa. El enaltecimiento de la amistad que se refleja en la necesidad de reunirse todos los viernes y en determinados momentos excepcionales como el de ese sábado. 

            Las improvisadas canciones a la guitarra que, a coro, todos fueron capaces de cantar, crearon un clima de “buen rollo” y desinhibición que les transportaba a otra dimensión. Esa dimensión a la que la amistad es capaz de llevarte y crear una fuente de alegría, fuerza, salud y bienestar.




José González Fernández

viernes, 23 de febrero de 2018

Mesón El Barralet, C/ de Emilio Lluch, 13.Valencia. (23-02-2018)

   La mañana se presentaba soleada, a pesar de que un aire gélido barría las calles de la ciudad del Turia y penetraba en los ateridos cuerpos de los viandantes por mucha ropa de abrigo que estos llevaran puesta. A las diez de la mañana, el mercurio no subía de los cinco grados centígrados, y eso en Valencia suele ser mucho frío. Un frío propio del invernal mes, que transcurría con escasas precipitaciones en la zona de Levante, aunque en otras latitudes, la blanca y pálida dama se manifestara con una intermitente aparición.



            Sin embargo, las inclemencias del clima no fueron un obstáculo para que aquella mañana del 23 de febrero  –tan histórica y transcendental fecha en el devenir de nuestra democracia–, Los Dalton Buidaolles se dirigieran a almorzar como cada viernes. Esta vez con la incorporación de dos nuevos miembros que se animaron a unirse a la banda. El lugar elegido en esta ocasión fue el “Mesón El Barralet”, en el barrio de Tres Forques y, en concreto, en la calle de Emilio Lluch, nº 13. En este local, a diferencia de otros establecimientos, es el camarero quien te anuncia las diversas viandas que te pueden servir en ese momento, y tú eliges sin previamente ver el producto.

 

Tres Forques – Tres Horcas en castellano –, es un barrio de la ciudad de Valencia que pertenece al distrito de La Olivereta, situado al oeste de la ciudad. Fue hasta los años setenta una zona de huerta por la que atravesaba la línea de ferrocarril entre Valencia y Utiel. En la actualidad, una zona muy poblada con todo tipo de servicios. 



            En un amplio espacio ajardinado, con un monumento en forma de estructura metálica y abierta al tráfico rodado por un lateral, se encuentra el Mesón El Barralet. Un local que toma su nombre del representativo y pintoresco recipiente donde se tomaba en común la bebida –también llamado porrón o barral–, y que en algunos establecimientos ya visitados aún sigue existiendo. Sin embargo, en este local de pequeño aforo; fundado en los años ochenta, no existe ni siquiera en su decoración. Se le ha querido dar a su interior un toque rústico o huertano: ristras de ajos, jamones, plantas aromáticas… pero su cocina no deja de ser rápida y de ciudad, sin ninguna elaboración casera y con la total ausencia del detalle gastronómico que identifique al establecimiento con el típico mesón que pretende ser.


 Aquí podemos ver unos bocadillos de “chivito” de no gran longitud - como se puede apreciar por el tamaño de las gafas -, con mucho pan y poco relleno. Además, ni siquiera llevaban all i olli, era mayonesa.  Otro también, de calamares a la romana, correosos estos y con mal rebozado. Y en cuanto al pan; crujiente sí, pero la típica media barra con aristas duras que te producen heridas en las encías, poco adecuado para un bocata que se ha de comer con cierta celeridad. Porque ese es otro inconveniente del establecimiento: el servicio de camareros da la impresión de que te quiera despachar cuanto antes, para que se queden libres el escaso número de incómodas mesas, en las que difícilmente pudieron acomodarse los nueve miembros del grupo.



            Pero para colmo, el mayor desencanto de este no recomendable establecimiento, no está en sus productos, está en su precio, pues el almuerzo ofrece la peor relación calidad-precio de los, hasta el momento, visitados. Posiblemente, a lo largo de los treinta años en los que viene funcionando este local, no se haya aprendido lo suficiente en aspectos culinarios o en técnicas de captación del cliente; tal vez no les haya hecho mucha falta, al estar ubicado en una zona urbana muy poblada donde este llega sin necesidad de reclamo; tal vez cuenten habitualmente con un público de estómago agradecido y poco exigente; tal vez, en estos tiempos aún de crisis, les sobre el público y no quieran atender a más gente.



            En la tertulia de ese día no se pudo dejar de hablar de música; no en vano se contaba con la presencia de expertos musicólogos, estudiosos del género y doctos en algunos estilos hasta rozar el frikismo. Los partidarios de The Beatles; considerándoles padres de la música pop/rock, y precursores de otros estilos que se han generado posteriormente, en contrapunto con algún detractor que manifestó no soportar oír un disco completo de ellos.   También se habló de la reciente gira por España de las famosas estrellas del Blues: Ben Harper y Charlie Musselwhite, sin la posibilidad de conseguir entradas en Madrid o Barcelona, al estar todas ya vendidas.



            Otro tema tratado fue la manifestación de jubilados en las ciudades más importantes de España, quienes protestaban ante el Gobierno por la pérdida de su poder adquisitivo. También se habló del ertzaina fallecido como consecuencia de los altercados en Bilbao de los hinchas del Spartak de Moscú y el Atletic de Bilbao.



            Todo esto en un frío aunque soleado día, en el que los Buidaolles crecen en número y en sintonía, haciendo extensiva esa magnífica actividad de compartir el momento más entrañable y onírico de la semana.



José González Fernández

viernes, 16 de febrero de 2018

Bar Los Roques, C/ Ignacio Zuloaga, 21. Valencia. (16-02-2018)





El crudo invierno había dado una tregua en la templada mañana del viernes 16 de febrero, cuando el mermado grupo de Los Dalton Buidaolles se dirigía al Bar Los Roques, en la barriada de Nazaret. Las lesiones, lumbalgias y resfriados habían hecho mella en la banda, sin que esto fuera óbice para que la actividad semanal se cumpliera con arreglo a la costumbre y tradición. 


            Era la segunda vez que visitaban el barrio de Nazaret  - la primera fue el día 7 de octubre de 2016 cuando fueron al Bar Aquilino -,  un humilde barrio del que ya se habló en la crónica que en ese día se hizo. 


            El Bar Los Roques es de apariencia modesta, pero cuenta con una amplia carta. Al estar ubicado en un barrio de pescadores, tan cercano al mar, el almuerzo de ese día, como no podría ser de otra manera, estaba compuesto por las delicias del mar. En vez de bocadillos pidieron diversos platos: sepia a la plancha y pescadito frito variado, ambos para compartir, y raciones individuales de bacalao rebozado, con su correspondiente terrina de ajoaceite casero. Todo ello acompañado de la cerveza y, como siempre, el café o cremaet al final del almuerzo para rematar la faena. 


            Teniendo en cuenta el buen saque y apetito voraz de los Buidaolles, las raciones para compartir no destacaron precisamente por su abundancia, más bien al contrario, un tanto escasas teniendo en cuenta que eran para cinco personas. En cuanto a la individual de bacalao, no estuvo mal, pero con gran cantidad de espinas y demasiado cocinado; una pena, porque estaba bien desalado y con algo menos de cocción hubiera estado más jugoso y sabroso. 
 

            También se echaron en falta los cacahuetes, olivas y variantes que se suelen ofrecer para almorzar.


La cara se les quedó a Los Buidaolles como la del pez del dibujo del ticket de la cuenta, cuando, con gafas de cerca, pudieron comprobar su importe: 12,50 € por cabeza, muy superior a la media habitual.





Como siempre, disfrutaron de una animada y variada conversación.  Se habló de cine, en concreto de la película “El buscavidas”; cuando “Eddie el Relámpago” reta al “Gordo de Minesota”. Y todo esto en relación con el comentario de algún compañero que suele decir: "En cultura musical a mí nadie me moja la oreja”. 


Una vez más, el grupo manifestó su preocupación por el problema de las pensiones. También se habló de la ley que regula el sistema electoral actual en España y de las voces que propugnan su cambio a un sistema de listas abiertas y representación proporcional al número de votos obtenidos.


         No les podía pasar inadvertido el suceso de la masacre en un instituto de EEUU, haciendo una reflexión sobre la libertad de tenencia de armas. 


          Un viernes más, la banda de Los Dalton Buidaolles se disuelve con un apretón de manos y una sonrisa, para volver cada uno a sus quehaceres, a sus prisas, a sus obligaciones familiares de recoger a nietos del cole... al pulso de lo cotidiano.





José González Fernández