viernes, 21 de septiembre de 2018

Bar Serrería, calle de la Serrería, 49, Valencia (21-09-2018)


            Al este de la Ciudad, desde la avenida del puerto hasta la estación de tren de El Cabañal, donde termina la avenida de Blasco Ibáñez, transcurre la calle Serrería, cuyo nombre se lo debió dar alguna fábrica hasta la que llegarían los troncos a través del ferrocarril, para ser convertidos en la materia prima de la industria del mueble, de las traviesas de las vías del tren, de la construcción naval… entre otras muchas utilidades que se le podrían dar en la zona; cuando la madera llegada entonces de la inmensa foresta levantina  constituía una fuente de riqueza importante para toda la región.

            Aquella vieja estación - ya en el distrito de El Cabañal-Cañamelar - fue derruida, construyéndose la nueva a 150 metros al norte de donde estuvo ubicada la antigua. Tampoco queda nada de la antigua fábrica de cerveza “El Águila” – construida en 1944, cuyo edificio fue demolido en 1990 -, junto a la que pasaban las propias vías del ferrocarril antes de ser soterradas. Su solar se ha convertido ahora en un polideportivo municipal y el espacio por donde pasaban las vías es el que conforma la misma calle Serrería y otras aledañas.

            En ese enclave eminentemente urbano se encuentra el Bar Serrería, un local que no cuenta con un gran aforo interior, pero sí con terraza.
            El mayor aliciente que presenta este establecimiento es su gran variedad de productos para el almuerzo. Todos a la vista, perfectamente expuestos, con un servicio esmerado, rápido y, en definitiva, eficiente.
Difícil decidir ante tan amplia y apetitosa oferta; la cara de satisfacción de estos Buidaolles, no se sabe si es debido al efecto hipnótico que ejercen los seductores manjares en los sentidos del olfato y de la vista, o a las acariciantes palabras de la camarera, quien adulaba a todos los clientes con frases cariñosas y lisonjas varias.  
            Bocadillos de todas clases y platos combinados aparecieron sobre aquella mesa alargada ocupada por once comensales. Carne con cebolla y pimientos, cazón con habas, platos combinados con berenjenas y calamares, tellinas con tomate, el típico esgarraet… entre otros productos, fueron degustados ese día en la terraza del establecimiento.

A la sombra de las sombrillas o a la del propio edificio, ese día se estaba bien en la calle; no hacía calor ni tampoco viento, y daba gusto, un día más, continuar con la habitual tertulia que caracteriza estos encuentros.

       Ese día se seguía rumiando el desconcierto del comienzo del curso académico y, en tono de humor, se hablaba de los intentos de los jefes por torpedear al grupo de Los Dalton Buidaolles, para evitar así que coincidieran con hora libre en la franja horaria del almuerzo. Con recelo se percibían esas lúdicas y hedonistas salidas del numeroso grupo que, con toque festivo, daba la impresión de que adelantara el comienzo del fin de semana. Sin embargo, al final, parece que surgió la cordura, siendo conscientes de que esas preferencias de librar a media mañana un par de horas, daba lugar a que otros compañeros y compañeras pudieran entrar más tarde y salir más temprano, resultando compatible tal desiderata; en una jornada de dos turnos con franjas horarias desde las ocho hasta las 21 horas, se podían hacer muchas combinaciones y contentar a todo el mundo.

       Desde aquí, una vez más, queremos poner de manifiesto que el objetivo de esta banda de pacíficos - aunque glotones – docentes, además de darse un pequeño festín, también tratan de llevar a cabo una de las dinámicas de grupo más importante en la organización de empresas u organismos públicos, la cual consiste en canalizar la relación informal, producida fuera del ámbito de trabajo, hacia estructuras formales como pueden ser los equipos educativos y de coordinación didáctica. 

   Ese conocimiento mutuo de las diversas personalidades en un ambiente distendido, da lugar a que se produzca la sinergia necesaria en el trabajo del día a día y ayude a la resolución de conflictos. Por otra parte, el objetivo también es cultural, pues se trata de revitalizar una tradición tan arraigada a esta tierra como es la del esmorzaret, al tiempo que, a través de esta humilde página, se dan a conocer los rincones de la Ciudad y de su área metropolitana: su economía, sus costumbres, sus formas de vida… dentro de un contexto histórico y geográfico.

       El espacio tan reducido entre la carretera y la terraza del bar impedía sacar una foto completa del grupo sin poner en peligro el ser atropellado por alguno de los muchos vehículos que a esas horas circulaban por la calle Serrería. No obstante, dos simpáticas chicas de la mesa de al lado: Laura y María, se mostraron dispuestas a sacar la foto al grupo completo situándose en la misma carretera. Desde aquí nuestro agradecimiento.
       En ese día soleado que subía de nuevo la temperatura y parecía preparar el cronológico “Veranillo de San Miguel”.



José GonzálezFernández

viernes, 14 de septiembre de 2018

Restaurante La Estela, avenida de Las Cortes Valencianas, 120 B, de Tavernes Blanques (Valencia) (14-09-2018)


       Habían transcurrido más de dos meses desde la última vez que se reunían para aquello que les proporcionaba energía y bienestar durante toda la semana.

            Las tormentas y chaparrones de días anteriores no sirvieron para refrescar el ambiente. Más bien al contrario, la temperatura en ese día; casi al final del estío, producía un calor húmedo en una atmósfera asfixiante, lo que daba lugar a que la transpiración corporal mojara la ropa con solo salir a la calle a pasear. Todo ello no era más que el preludio de lo que,  la mañana del día siguiente, sábado, iba a caer en la ciudad de Valencia. Esta vez, la mascletá no la produjeron los pirotécnicos habituales, no. Las fuerzas de la naturaleza se dieron cita a temprana hora matinal, con todo estruendo y resplandor, cuando los vecinos de la ciudad del Turia y localidades aledañas, aún se revolvían inquietos entre las sábanas, creyendo estar en la zozobra de un angustioso sueño.    


          Sin embargo, la mañana del día anterior, viernes, como de costumbre, Los Dalton Buidaolles cabalgaban de nuevo, aunque, eso sí, con los caballos de vapor de sus respectivos vehículos a motor, pues no estaba el día como para prescindir de su confort. Esta vez el desplazamiento, para algunos, era largo; se trataba del municipio de Tavernes Blanques, una localidad de la Huerta Norte, cuyo nombre ya evoca sensaciones placenteras y hace presuponer la existencia en la misma de bares, tascas y, obviamente, tabernas. Sin lugar a dudas, su toponimia nos indica que en el lugar debieron existir tabernas romanas en lo que fue la Vía Augusta que cruzaba la zona de norte a sur. En cuanto a la segunda parte de su nombre: “Blanques”, puede ser porque estuvieran enjalbegadas con cal o porque hubiera en la zona curtidores de piel (blanquers en valenciano).  Una localidad huertana que ha vivido desde antaño del cultivo de la chufa y del arroz, fundamentalmente, y que ahora mantiene su nivel de crecimiento económico gracias al proceso de transformación y comercialización de estos típicos productos de la zona.


            La antigua carretera en dirección a Barcelona cruza una localidad en la que aún se mantienen las construcciones decimonónicas típicas del estilo huertano de construcción neobarroca exportada de la ciudad al ámbito rural.

La cruz cubierta, bajo templete de teja árabe azul, de la localidad de Almassera, en las cercanías de Tavernes Blanques, indica – al igual que otras existentes en distintos puntos del área metropolitana – la puerta de entrada a la misma. Esta es conocida como la del camino de Barcelona, por ser el acceso de quienes procedían del noreste de la península.

            El Restaurante Hotel La Estela se encuentra en el número 120 B de la Avenida de las Cortes Valencianas, en el mismo antiguo camino de Barcelona. El bar en el que se sirve el almuerzo debe ser centenario, al igual que los edificios colindantes. No obstante, el complejo hostelero en su conjunto ha debido ser remozado en diversas ocasiones.

            El almuerzo, a pesar de no contar ese día con gran variedad de productos, podemos dar fe de que los bocadillos que se degustaron fueron bastante aceptables en cuanto a la calidad del pan y al contenido del mismo, y lo mejor de todo, el precio. Por 4,50 €, se incluye el tradicional “gasto”, la bebida y el cremaet o café. Aunque el cremaet casi produce un efecto de “tumbadioses”, debido a su alta graduación, también es cierto que lo preparan en presencia del cliente – lo cual es de agradecer –, quien decide cuando apagar la llama que quema el alcohol del ron.

            Pero la gran especialidad de la casa no parece ser el esmorzaret. Todo indica que el prestigo del establecimiento se lo da su paella de Fetge de Bou (hígado de buey), tal y como reza en el cuadro y en la cornúpeta cabeza de morlaco que decoran el establecimiento.

Aquella tradicional gastronomía de la zona daba pie a Los Buidaolles a volver de nuevo al lugar, pero esta vez a comer o cenar, pues no podían dejar de probar tan suculento y afamado manjar.

            Un día en el que acababa de comenzar el curso académico 18-19, siendo el tema de conversación recurrente el de los horarios, los grupos de alumnos, los comentarios sobre nuevos compañeros y compañeras… Pero lo que ese día estaba en todas las tertulias eran las titulaciones académicas de los políticos y de cómo las habían conseguido: plagios en trabajos de máster y tesis doctorales, convalidaciones extrañas, aprobados sin hacer acto de presencia en las aulas… Todo ello creaba cierto malestar y desasosiego en la población, sobre todo en los jóvenes universitarios; muchos de ellos con sus máster ganados a pulso, trabajando de camareros o en el andamio, cuando otros con los mismos máster, “pero falsos”, gobernaban el país.

            No podría faltar ese día la obligada visita a una horchatería. Todavía hubo algunos de ellos que hicieron un hueco en su saco digestivo para dar entrada a la deliciosa horchara de elaboración propia. Los más osados pasaron a pie al pueblo de al lado, Almassera, donde en la Horchatería Subíes, degustaron no solo horchata, también las ricas cocas hechas con chufa. El local está decorado con los aperos de la recolección del diminuto fruto que da origen a uno de los símbolos de la gastronomía valenciana.

            Porque era necesario empezar con buen pie el nuevo curso, porque los mejores momentos de la vida se potencian mucho más si son compartidos, porque se debe seguir la tradición y las buenas costumbres, porque ese grupo humano – indistintamente de sus puntos de vista discordantes o coincidentes – son compañeros y, sin embargo, amigos.

José González Fernández
           

jueves, 5 de julio de 2018

Mesón de la Tapa Chisquetes, calle de Andrés Segovia, 19, Chirivella (Valencia) (04-07-2018)

   “Julio el abrasador” se estaba dejando notar con temperaturas que superaban los 35 grados a la sombra, y una sensación térmica que, en el litoral, se incrementaba debido a la humedad en el ambiente.  La brisa del mar era más perceptible en esta época estival e invitaba a zambullirse entre las olas o, simplemente, a tostarse sobre la fina arena de los muchos kilómetros de playa que acarician la Ciudad del Turia. Pero ese día, precisamente, Los Dalton Buidaolles no habían elegido ningún garito playero para degustar su habitual esmorzaret. Además, no coincidía con el consuetudinario día de la semana en el que solían reunirse para tal menesterosa, a la vez que placentera, actividad.  



            Se habían dado cita esta vez en un número que batía el record de asistencia. Un total de 19 comensales habían acudido a aquella cita, entre los que se contaban a los frecuentes y esporádicos; a los “sin límite” y a los de control dietético… y, sobre todo, al amplio y nutrido grupo en el que, una vez más, se habían integrado algunas chicas; compañeras de fatigas, penas y alegrías, en este final del curso académico.    Sería, por lo tanto, el último almuerzo del curso. Por medio quedaría el estío hasta que, el mes de septiembre, volviera a llenar las aulas con nuevas generaciones de mujeres y hombres interesados en formarse para una profesión específica. Algunos de los que allí se encontraban, tenían claro que volverían de nuevo al mismo Centro, mientras otros aún no sabían qué les depararía el porvenir y los designios de La Consellería. Todos, incluyendo a los sexagenarios jubilados, deseaban volver a encontrarse de nuevo en el Ausiàs March para revivir las lúdico-gastronómicas-culturales jornadas en torno a una mesa. 


            Esta vez el lugar elegido fue Chirivella, municipio perteneciente a la Huerta-Oeste del área metropolitana de Valencia. Su término municipal quedó dividido como consecuencia de la construcción del nuevo cauce del río Turia, y ello originó que algún barrio –como el de La Luz- formara una conurbación con la Capital. 


            Como la mayoría de los municipios del cinturón industrial y comercial de Valencia, su historia se remonta a la época de la reconquista, aunque en este caso se han encontrado restos de construcciones romanas tales como: canalizaciones, calzadas o de columnas. Su toponimia deriva del latín Silvella, que significa “bosquecillo”.  


            En la actualidad Chirivella vive del sector servicios en un 60%, no en vano, en el propio barrio de La Luz se encuentra el Centro Comercial Gran Turia, que da empleo a un  gran número de chirivellenses. 







Pero como el día era especial, también quisieron que el almuerzo lo fuera, y en lugar de pedir los bocadillos de costumbre, optaron por algunas raciones en el Mesón de la Tapa Chisquetes, de la calle Andrés Segovia, nº 19 de Chirivella, un local que está respaldado por su buena crítica en general y la alta puntuación que le otorgan sus visitantes. Sin embargo, no satisfizo a algunos de Los Buidaolles; sobre todo a la hora de pagar la cuenta. Es cierto que el producto servido tiene un precio de mercado superior a lo que habitualmente se suele poner en el bocadillo, y que también se pidió el postre especial de la casa, pero, aún así, resultó algo caro.

 


Debemos destacar la calidad de su fritura de pescado, así como sus gambones de gran tamaño. No podemos decir lo mismo de sus croquetas, las cuales distan mucho de parecerse a las de otros establecimientos como, por ejemplo, las que ponen en el Bar Plaza, ya mencionadas en una crónica anterior.  No obstante, es de alabar la calidad de su vino turbio; en las copas de loza que se suele servir el vino gallego.



Cabe hablar también del sabroso pan de la casa: una tosta de tomate con all i olli que convierte al pan en elemento solista y no de acompañamiento.  Por último, mencionar los suculentos postres de helado de turrón servidos sobre una base de pudin de flan y bizcocho, adornado con nata y azúcar líquida que, aunque fueran de bote, no le quitaban valor culinario al producto final.



Sin embargo, el servicio fue algo lento; no parecía que el personal estuviera preparado para atender, de buena mañana, a un contingente de 19 comensales con tan buen saque. No obstante, se debe valorar el amplio local con varias salas y terraza exterior y, sobre todo, la posibilidad de buen aparcamiento gratuito dentro del parking del Centro Comercial Gran Turia, algo que cada día se echa más en falta, tanto en la Ciudad como en las poblaciones aledañas. 


En general, a este establecimiento se le podría poner una buena nota si no fuera porque su precio superó todas las previsiones, en comparación con otros ya visitados.



Los temas del día estaban referidos a la eliminación de la Selección Española de Futbol en el mundial de Rusia, así como a la elección en las primarias del nuevo líder del PP y candidato en elecciones generales a la presidencia del Gobierno de la Nación. Pero por algunos sectores de la mesa se habló de los comportamientos diferentes entre hombres y mujeres a la hora de hablar de sí mismos o de su vida privada; pues el hermetismo de la mayoría de los hombres, en cuanto a su intimidad se refiere, nada tiene que ver con la necesidad que la mayoría de la mujeres tienen de compartir entre ellas todos sus sentimientos, alegrías o problemas.


 Por el otro extremo de la mesa se habló de las fobias ante las visitas al dentista o de los juegos de mesa tales como el Catán, que consiste en construir, sobre un tablero, pueblos ciudades y caminos. O el Agrícola, en el que cada jugador crea una familia en una granja con ganado, e intentará sobrevivir. También el de Dixit; cuya locución latina significa decir o contar, en el que un narrador dirá los datos que aparezcan en una carta, la cual otros jugadores tendrán que averiguar.



Todo esto ocurrió en aquel último día del curso escolar; con ese sabor agridulce de la alegría, por una parte, porque llegaban las vacaciones, pero con una cierta dosis de tristeza, por la incertidumbre de no saber si algunos compañeros o compañeras volverían el próximo curso. Porque lo importante no era “volver a verles” en algún lugar, en alguna parte… lo importante era “verles volver” a su actividad académica en el Ausiàs March.

                                
                                   José González Fernández


sábado, 23 de junio de 2018

Cervecería Guimerá, calle Ángel Guimerá, 20, Valencia. (22-06-2018)

En la gran Ciudad, el pulso de lo cotidiano se dejaba sentir en el bullicio de las calles del centro urbano.  También en el tráfico - tanto subterráneo como superficial -, en el nivel de decibelios producido por las sirenas, y en los comercios y bares de las manzanas de edificios que se concentran en algunas calles como la de Ángel Guimerá.



            Las aceras ahora habían cambiado el jacarandoso color malva de su tapiz, por el amarillo de las flores de acacia y el rojo de las de eucalipto ornamental. Era el segundo día de verano que se presentaba, ya a las diez de la mañana, con la amenaza de la temperatura de batir el record anual; a la misma hora en que Los Dalton Buidaolles, como de costumbre en viernes, visitaban la Cervecería Guimerá, de la calle Ángel Guimerá, 20, de Valencia.



            No podían faltar ese día a su cita, pues ya el viernes anterior, a consecuencia de otros eventos también gastronómicos, no acudieron al habitual encuentro.



            Esta vez el establecimiento que visitaban se localiza en el casco urbano de Valencia, eso sí, a extramuros de lo que fue la muralla cristiana, pero con una gran superpoblación. La Cervecería Guimerá está en la calle a la que le da el nombre el gran escritor, considerado el máximo exponente del resurgimiento de las letras catalanas, Ángel Guimerá. Un escritor de madre canaria y padre catalán, que nació en Santa Cruz de Tenerife aunque se crió en Cataluña.



            La Cervecería Guimerá, a pesar de tener muy buena crítica, no es, ni de lejos, de los mejores lugares de la Ciudad para almorzar. Está ubicada en una calle donde es imposible aparcar - ni en ella ni en las calles aledañas -. Por otra parte, se trata de un local de pequeño aforo que puede llenarse en cualquier momento, sin que merezca la pena esperar a que se quede mesa libre. Sin embargo, hay que alegar en su defensa, que esta opinión fue altamente rebatida por otros Buidaolles de estómagos agradecidos, quienes mostraban su aquiescencia o conformidad con las viandas recibidas.  Es que después del buen paseo en bici o a pie hasta llegar al lugar, los jugos gástricos llegaron a alterarse tanto, que todo lo que se le echaba a la boca entraba cual vertido en taza de excusado.

 



No obstante, algunos bocadillos como el de sangre encebollada con pimientos o el de habitas con chipirones, tenían buena pinta, aunque, en este último caso, las habitas fueran habas de buen tamaño, como puede apreciarse en la foto.  No podemos decir lo mismo del bocadillo de rabas con all i olli: un producto de textura tan elástica cual goma de mascar, dentro de un pan correoso y de arrebatada cocción.    



Eso sí, en cuanto al servicio, nada que objetar:   rapidez y trato exquisito fueron sus notas predominantes.



            La noticia de ese día era el comienzo de los Juegos Olímpicos del Mediterráneo en la ciudad de Tarragona. La polémica estaba servida, pues no estaba claro cómo iban a recibir al Rey los partidos independentistas catalanes.



            Ese mismo día se produjeron manifestaciones, en distintas ciudades de España, en protesta por la decisión judicial de excarcelar a los miembros de “La Manada”, concediéndoles la libertad provisional, bajo fianza de 6.000 euros, a cada uno de los cinco.  Esto fue algo difícil de entender por casi todos los sectores de la población; partidos políticos, sindicatos, asociaciones feministas… abogaban por la modificación del derecho penal. Sin embargo, la presión social y mediática hacia las decisiones judiciales eran palpables, sin llegar a profundizar en el papel del tercer poder del Estado, el cual consiste en interpretar las leyes, sin la posibilidad de cambiarlas.



            Aquel día también fue noticia entre los Buidaolles el hecho de que, en la tarde del día anterior, un tal “Darío Navalperal” había presentado una novela llamada “El eslabón roto”, a la que habían asistido de forma mayoritaria. La pregunta era: ¿pasaría sin pena ni gloria como tantas otras operas primas de autores que no llegan ni a ser conocidos en su propio barrio, o, por el contrario, sería un globo sonda para futuras publicaciones? El tiempo lo diría. De momento el libro podría servir para decorar una estantería, descubrir alguna que otra intimidad oculta del propio autor o, simplemente, para tapar algún desconchón de la pared del comedor que no puede cubrir el mueble-bar. 

  

            En la noche de aquel día, todos ellos acudirían al anual acto de graduación del CIPFP Ausiàs March y a la posterior cena de profesores, con lo que se debían evitar los excesos mañaneros. No obstante, aquel día había que hacer una excepción, pues uno de Los Buidaolles, el más próximo a la jubilación, tuvo el gusto y la generosidad de pedir una botella de cava y brindar a la salud de todos, por los buenos momentos vividos con la banda a lo largo del año, y por los que le quedaban por vivir; pues la jubilación no significa la salida de este club gastronómico-social en el que, más allá de la relación de trabajo, predomina la amistad.

                                            José González Fernández

viernes, 8 de junio de 2018

Restaurante Puerta de Hierro, Avenida de Levante, 25, Beniparrell, Valencia. (08-06-2018)

Una fina alfombra de color malva tapaba las aceras de una gran parte de la Ciudad por culpa de las jacarandas, que se habían desposeído de su vistosa y efímera flor al ser azotadas por los aguaceros de días anteriores. Sin embargo, en esa mañana, los cirros cubrían el cielo en forma de nubes blancas y transparentes, como si hubiera sido enjalbegado a brochazos de forma irregular. No obstante, en los momentos en que la fina telaraña era penetrada por los rayos de sol, el intenso calor hacía subir la temperatura a más de 26 grados centígrados, y solo eran las 10 de la mañana. Las tormentas habían dado una tregua ese viernes y el buen tiempo facilitaba el desplazamiento hasta Beniparrell, lugar al que Los Dalton Buidaolles fueron a almorzar el día 8 de junio. 
 





Casco urbano
Ciudad de los Negocios
El restaurante Puerta de Hierro ya había sido visitado en ocasiones anteriores; la primera fue antes de ponerse en marcha este blog, la segunda - de la que queda constancia en la correspondiente crónica – fue en otro establecimiento de la misma empresa, sito en la Ciudad de los Negocios de la misma localidad, el día 3 de noviembre de 2017. Algunos de los que estuvieron por primera vez en este mismo local recordaban con satisfacción las bondades del mismo, pero después de haber frecuentado tantos otros en distintos puntos de Valencia y su área metropolitana, este ya no les parecía tan excelso. Incluso tenían la sensación de que en el otro establecimiento de la Ciudad de los Negocios, el producto era de más calidad. Por ejemplo, el jamón allí era cortado a mano, mejorando su sabor y cantidad. No hay más que comparar dos bocadillos cuya mezcla es la misma: buey con jamón. Esto es a lo que la camarera le llamaba “un completo”, expresión que suscitó alguna picarona sonrisa en aquellos que imaginaban otros deleites también derivados de la carne.


El restaurante Puerta de Hierro está especializado en carnes y su combinación con otros productos de la tierra como son los ajetes, las patatas a lo pobre, las habitas o los pimientos. No parece contener su carta productos del mar, o, al menos, no los ofrecen en los almuerzos. 


El amplio local se distribuye en diversas salas separadas por arcadas de medio punto imitando a las bodegas o mesones de principios del siglo XX, con techos abovedados de falsas vigas que parecen de madera, aunque solo sean de  poliestireno extruido pintado en marrón oscuro.


Si opinamos una vez más del pan es porque de él depende, en un 50%, el éxito o fracaso del bocadillo. En este caso, la media baguette utilizada en los bocadillos grandes era de miga poco esponjosa e incapaz de cumplir su función: absorber la grasa que desprende la carne. Eso sí, su corteza era crujiente y fácil de masticar y deglutir.   En cuanto a la cerveza tostada, que suelen poner en jarras de un litro, es de buena calidad y es servida en su punto de frío y de presión.


Por último, en cuanto al precio se refiere, podemos decir que este es algo elevado teniendo en cuenta que se encuentra en una calle muy concurrida en la que existe competencia con otros establecimientos de buena pinta. 


El principal tema de conversación del día era el del nuevo gobierno nombrado por Pedro Sánchez, un equipo inesperado incluso para politólogos de reputada fama; cuando todo el mundo esperaba que hiciera ministros a algunos representantes de los partidos que le habían dado su apoyo, sorprendió eligiendo a miembros de su propio partido o afines al mismo. Un equipo que parecía estar cargado de gestos hacia colectivos tales como los movimientos feministas o lgtb. No obstante, todo el mundo parecía coincidir en que eran personas de reconocido prestigio profesional. Llamativo fue el nombramiento del periodista y escritor de Utiel (Valencia) Màxim Huerta, para el Ministerio de Cultura y Deporte, sobre todo cuando él mismo había confesado, en alguna ocasión, que odiaba el deporte y que jamás lo había practicado. 


En la tertulia de ese día también se habló de la gran actuación en la sala 16 Toneladas del cantante de soul, armonicista y compositor Jonh Nemeth, con esa prodigiosa voz que le permite cantar en diversos registros con esa variedad de color en su tonalidad. Una pena que un talento así, no esté más reconocido y pagado.



Este y otros temas de cierta profundidad eran tratados esa mañana después del almuerzo, aunque las chanzas, chascarrillos y despiadadas críticas a los ausentes, suponían el cambio de tercio para dar vía libre a la contagiosa risa que inundaba la tertulia, tanto como lo habían hecho en la comarca las torrenciales lluvias caídas en días atrás. 


José González Fernández




sábado, 2 de junio de 2018

Berlanga-Bar, calle de Dolores Marqués, 24, Valencia. (01-06-2018)

  Los rayos del sol se filtraban entre la fina capa de nubes altas y medias de desarrollo vertical, cuando Los Dalton Buidaolles acudían, como cada mañana de viernes, a almorzar a Berlanga-Bar, un local que se encuentra en el distrito de Benimaclet, cuyo barrio, con el mismo nombre, fue municipio hasta finales del siglo XIX, en que se unió a la Capital como pedanía, pasando a ser distrito en el año 1972. Su origen se encuentra en su propio nombre, que significa “alquería andalusí”. En las últimas décadas, lo que fue el pueblo rodeado de huerta, ha crecido considerablemente en construcciones, habitantes y con la propia instalación de la Universidad Politécnica. 


            En la tibia mañana daba gusto pasear o hacer unos cuantos kilómetros en bicicleta; una buena opción para dirigirse al mencionado establecimiento, pues el aparcamiento en las inmediaciones hubiera sido misión imposible a esa hora de la mañana en la que coches y personas se movían por doquier cual nerviosas hormigas antes de que se avecine un chaparrón. Más que chaparrón, gota fría la que durante el fin de semana, literalmente hablando, inundó la Ciudad del Turia y una gran parte de su región.


            Pero además, el huracán en la prensa del día era, más bien, la noticia de que Pedro Sánchez había conseguido ganar la moción de censura contra Mariano Rajoy. Este y su equipo de ministros tendría que abandonar el Gobierno en el plazo de 48 horas. Pedro Sánchez había contado con los apoyos de grupos independentistas y anticapitalistas para ocupar el poder. La incertidumbre por la estabilidad de la economía y de la unión territorial, formaba parte de las preocupaciones de una mayoría de los españoles que, no obstante, eran conscientes de la corrupción de algunos dirigentes del Partido Popular sentenciada por los jueces, lo cual propició su expulsión del gobierno de la nación. Sin embargo, el no saber qué servidumbres tendría que pagar el nuevo Gobierno para tener contentos a todos los colectivos que formaban la mayoría absoluta del arco electoral, inquietaba sobremanera a los ciudadanos.   



Esta noticia y la de la dimisión de Zinedine Zidane como entrenador del Real Madrid, después de haber ganado tres copas de Europa, fueron los temas principales de la tertulia durante el almuerzo en el Berlanga-Bar, en el que las posturas políticas estaban muy encontradas entre quienes pensaban que se había producido un “aquelarre político” y la de quienes estaban satisfechos con el insólito pacto.


El Berlanga-bar es un establecimiento en el que lo mejor es su amplia terraza a la sombra y a cubierta de cualquier corriente de aire. No se puede decir lo mismo de la calidad de sus productos. Aunque algunos Buidaolles estuvieron satisfechos con el bocadillo que les tocó en suerte - como el que puede observarse de chipirones -, otros se quejaban una vez más del pan; pues este daba la sensación de estar acartonado, a pesar de ser reciente y no ofrecer gran resistencia a caninos e incisivos. El relleno podemos decir que es aceptable, salvo el de pechugas de pollo en salsa que paraba reseco y poco atractivo al paladar.


Otra anécdota digna de mención fue el hecho de que la mayoría de los clientes que estaban ese día en la terraza recibieron gambas a la plancha sin haberlas pedido, aunque solo fuera a través del olfato; pues los humos del extractor que desembocaba frente a las mesas, llevaban, cual reclamo publicitario, el aroma de las mismas hasta la pituitaria de propios y extraños. Un detalle que devalúa el establecimiento y denota su falta de confort. 


El servicio de camareros vestidos de negro; o mejor dicho, de camareras regentadas por el único hombre, supuestamente, el dueño del negocio, es eficiente y solícito. Un local más en el que el reclamo principal parece ser el ejército de mujeres jóvenes al servicio de una clientela mayoritariamente masculina. 


Destacar también, que el cremaet que sirven en este local está bien hecho y con su justa medida de azúcar y alcohol, aunque esto esté en función de los gustos. Por último, en lo que al precio se refiere, hay que decir que es bastante aceptable. 


A pesar de las discrepancias en los debates políticos, Los Buidaolles siguen siendo compañeros y, sin embargo, amigos que comparten noches de actuaciones de blues y viajes de fines de semana, como el programado para el próximo a la zona del Delta del Ebro en Tarragona.


                                                              José González Fernández